Víctor Tomás saluda tras un partido en el Palau Blaugrana. Foto: FC Barcelona
Santo y seña del sentimiento culé en la sección de balonmano, no se puede entender las dos últimas décadas de la historia del Barça sin la presencia del extremo derecho en la formación del equipo blaugrana y siendo parte importante de la consecución de todos los títulos que han logrado en todo este tiempo. Porque los, de momento, 67 títulos que muestra su palmarés con el club de la ciudad condal no se han logrado ni por casualidad ni por "pasar por ahí" sino son un ejemplo claro del gen competitivo que siempre ha mostrado el genio en cualquier partido y en cualquier competición que disputara con su club. Y más desde que luce el brazalete de capitán del FC Barcelona.
Porque si algo ha dejado claro en estos últimos años Víctor Tomás es que ha sido el capitán no sólo por mera veteranía en el club sino por los valores que ha demostrado con el brazalete puesto. Siempre defendiendo los valores de su equipo pero, sobre todo, defendiendo los valores de la deportividad y de hacer más grande el balonmano desde su posición como referente deportivo y social de uno de los mejores clubes del mundo. Y es que la presión de estar en un club "obligado" a ganar todo cada año le pueda pesar más todavía si cabe al que lleva el brazalete de capitán, pero nunca se le ha visto un mal gesto o una mala palabra cuando las cosas no salían como se esperaba o cuando los objetivos no se lograban. En eso ha sido un ejemplo de capitán para barcelonistas y para amantes al balonmano.
Imagen de Víctor Tomás durante un partido de Champions. Foto: FC Barcelona
Pero Víctor Tomás no sólo ha demostrado su valía deportiva y humana en el Barça, también en la selección española en una época que no corresponde en cantidad y calidad de medallas al buen hacer del catalán en la selección. Entrando en la época posterior al Oro en el Mundial de Túnez y a la Plata en el Europeo de Suiza, donde el cambio generacional unido a la época gloriosa de otras selecciones nos alejó más de lo que mereció Tomás de alcanzar éxitos y medallas. Pero pudo disfrutar del bronce olímpico en Pekín, de los bronce y plata Europeos previos al doble título que poseemos y, sobre todo, del Oro en el Mundial de España con la histórica Final disputada en su Barcelona natal.
Y más allá de los resultados logrados, Víctor Tomás ha plasmado en la selección española su garra y su gen competitivo que demostraba en el día a día del club, algo que no es fácil ya que casi siempre las formas de juego y las dinámicas de las competiciones de selección son totalmente distintas que las de club. Pero cada vez que la cosa se ponía complicada en un partido siempre estaba ahí Víctor para jugársela o para tirar del carro con el resto de sus compañeros, las cosas podrían salir mejor o peor al final en lo que ha resultado se refiere pero la entrega y la lucha por el bien común de la selección nunca se le podrá negar en su década defendiendo la camiseta de España. Aunque alguno quiera agarrarse a temas extradeportivos para tacharle de justo lo contrario, no lo podrán demostrar nunca.
Imagen de Víctor Tomás durante un partido con la selección. Foto: RFEBM
Hablar de Víctor Tomás, más allá de lo deportivo logrado con el Barça o con la selección, es hablar de valores y compromiso con un club y, sobre todo, con un deporte. Porque en su papel de referente del balonmano siempre ha tenido un buen gesto o una buena cara después de los partidos con todos los chavales que le pedían fotos o autógrafos, sabiendo perfectamente que esos gestos son los que hacen que los jóvenes amen más nuestro deporte y que enganchen más al aficionados. O con su gran labor todos los veranos con el Campus VT8 que es ya uno de los clásicos de todos los años para hacer que los chavales aprendan y disfruten de nuestro deporte. Pequeños detalles para él pero que le hacen un grande como persona y que hacen más grande al balonmano.
Y esos valores también se mostraban en su trato con la prensa, al menos en lo que yo he podido vivir en primera persona. Por mis circunstancias profesionales, yo sólo he podido tener trato en los grandes eventos nacionales y de manera no muy cercana pero siempre era el primero en dar la cara en las buenas y, sobre todo, en las malas. Incluso en los momentos en los que le hemos criticado de una manera poco o nada justa, siempre estaba ahí para demostrar esa clase que ha tenido desde siempre. Por desgracia, a partir de junio perdemos su valía como jugador pero ganaremos una persona que ha de estar sí o sí vinculada al balonmano en una medida u otra para el resto de larga vida. Mientras tanto, disfrutaremos de sus últimos partidos en el 40x20 y luego completaremos melancólicos esa camiseta número 8 colgada de su querido Palau Blaugrana... Gràcies per tot, capità!
Víctor Tomás con el trofeo de la EHF Champions League. Foto: FC Barcelona




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